Libros del crepúsculo

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martes, 13 de septiembre de 2016

Cabrera Infante y el "Swinging London"

A propósito del post anterior, me escribe Leonardo Rodríguez vía twitter para recordarme que en la crónica "Eppur se muove" Cabrera Infante habla con detenimiento de los Beatles, lo cual comentó en su blog en los días del concierto de los Rolling Stones en La Habana. Se trata de una de aquellas crónicas de los 60, que el escritor cubano envió a la revista Mundo Nuevo, dirigida por Emir Rodríguez Monegal en París. En varias cartas y escritos autobiográficos sobre aquellos años, Cabrera Infante dice que Rodríguez Monegal lo había contratado como "corresponsal" de su revista en Londres. Un rol curioso, sin duda, ya que Mundo Nuevo era, más bien, una publicación de literatura y crítica, no de crónica o periodismo cultural. Es probable que Cabrera Infante -como Octavio Paz, por cierto- pensara que Mundo Nuevo debía abrirse más plenamente al arte y la música popular.
En todo caso, tiene razón Rodríguez: Cabrera Infante vio a los Beatles como parte del fenómeno del "Swinging London". Una revuelta cultural que fascinó al cubano más por el lado del cine, el jazz, el sexo, la psicodelia, la moda y el diseño, que por el del rock. Me recuerda Rodríguez que además de Joe Massot otra conexión fuerte de Cabrera Infante con aquel Londres eran Simon & Marijke, los diseñadores de los primeros álbumes de los Beatles y del Wonderwall de Harrison, y que a pesar de lo que haya dicho luego el cubano, en su momento disfrutó algunos textos de Lennon y McCartney como "I Am the Walrus", que escuchó como "la única equivalencia musical jamás realizada del mundo arbitrario, fantasmal y sin sentido de Lewis Carrol".
Simon Posthuma y Marijke Kooger eran los diseñadores holandeses del grupo de creación The Fool que, junto con el fotógrafo Karl Ferris, se volvieron artistas de culto del Swinging London por su imaginería psicodélica. Hay un treintañero Cabrera Infante, ligado a ese mundo, que luego pierde presencia en la memoria musical del adulto antologado en Mi música extremada o Mea Cuba. De cualquier manera, sigue siendo el autor de Tres tristes tigres uno de los más evidentes puntos de contacto de la cultura cubana con los Beatles. Evidencia que se afianza en la medida en que se vulgariza el culto a Lennon en La Habana y se persiste en el olvido o la negación de uno de los mayores prosistas de la lengua.

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