Libros del crepúsculo

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jueves, 9 de junio de 2016

¿Exotismo? ¿Colonialidad?

Apenas asoma la cabeza el turismo en Cuba -en 2015, visitaron la isla más de 2 millones de viajeros, pero, para guardar las proporciones, recordemos que tan sólo a Barcelona llegan unos 10 millones al año y a la Ciudad de México más de 20-, una zona de los estudios culturales académicos, sobre todo en Estados Unidos, y una parte del campo intelectual de la isla, suenan alarmas contra la exotización de la imagen del país o contra las amenazas a la "identidad cultural".
Sin embargo, Macleod, Carrier y otros antropólogos que han estudiado el impacto cultural del turismo en América Latina destacan que esa industria genera no pocas ventajas para las comunidades residentes. Se tiene la equivocada percepción de que el mercado global desdibuja las identidades nacionales, pero lo cierto es que la globalización homogeneiza a la vez que diversifica. El exotismo no siempre es la banalización de atributos o valores locales: muchas veces es un recurso de afirmación -o camuflaje- por parte de sujetos de la cultura popular.
El discurso antiturístico, que llama a regresar a una pastoral nacionalista a lo Nicolás Guillén, se coloca un paso antes de la teoría de la transculturación de Fernando Ortiz, quien postulaba que la idea de "cubanidad" sólo tenía sentido si se pensaba como hechura de la migración y el contacto con el otro. No habría que olvidar que Guillén, paradójicamente, compartió acentos de aquel tipo de nacionalismo con Alberto Lamar Schweyer, Ramiro Guerra y otros críticos de la inmigración, especialmente la caribeña, que veían como causa de una supuesta "crisis del patriotismo".
La reacción intelectual contra el turismo y sus ceremoniales típicos y su estética superflua busca denunciar una suerte de "colonialidad" intrínseca, que nos retrotrae a la iconografía del periodo republicano, cuando el boom hotelero producido por la conexión con Estados Unidos. Pero esa reacción pasa por alto que la industria turística es en la actualidad un área férreamente controlada por el Estado cubano, por lo que si hay alguna "colonialidad" es en relación con ese poder y no otro. El actual discurso antiturístico olvida, además, que en tiempos del bloque soviético también se vivió un exotismo colonial, con el que los celadores de la identidad nacional se sentían muy a gusto.




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