Libros del crepúsculo

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viernes, 8 de mayo de 2015

Julio Le Riverend contra los "expertos"

El importante historiador cubano Julio Le Riverend, que se doctoró, como Manuel Moreno Fraginals, en El Colegio de México en los años 40, dejó algunos títulos fundamentales en temas de historia intelectual e historia económica, dos líneas historiográficas que raras veces se cruzan. Le Riverend estudió la vida del ilustrado cubano José Martín Félix de Arrate y la inmigración habanera en el virreinato de la Nueva España, en el siglo XVIII, además de la cultura patriótica en ese mismo siglo. También dejó escritas su excelente La Habana: biografía de una provincia (1960) y la mejor Historia económica de la isla, para mediados del siglo XX, que formó parte del gran proyecto de Historia de la nación cubana (1952), coordinado por Ramiro Guerra y auspiciado por el gobierno de Fulgencio de Batista, en el año del centenario de la República. En la semblanza que dedicó a Le Riverend, el Diccionario de la literatura cubana (1980), se silencia su intervención en esa obra colectiva que reunió a lo mejor de la historiografía republicana de la isla.
Luego de la Revolución, Le Riverend hizo algunos intentos de síntesis histórica, inscritos en el relato hegemónico de la historia oficial. A ese género pertenecen La República: dependencia y revolución (1966), reeditada y ampliada en 1973 por el Instituto del Libro, y la más tardía y menos ideológica Breve historia de Cuba (1995), que sigue teniendo utilidad pedagógica. Hay, sin embargo, un texto de Julio Le Riverend, emparentado con las últimas páginas de La República, pero menos conocido, que es el capítulo sobre Cuba que el historiador escribió para la Historia de medio siglo de América Latina (1981), coordinada, en México, por Pablo González Casanova en la editorial Siglo XXI. En ese texto, el historiador, poco dado a la polémica, entra en el debate sobre la historia de la Revolución Cubana que tuvo lugar entre los años 60 y 70.
Escrito en 1975 e inspirado en la soterrada discusión teórica e histórica que acompañó al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, ese mismo año, el texto es una refutación de la tesis de las dos "fases" de la Revolución Cubana, sostenida, entre otros, por dirigentes como Carlos Rafael Rodríguez y Ernesto Che Guevara, y por historiadores marxistas, fuera de la isla, como J. P. Morray, Adolfo Gilly o Marcos Winocur. La idea de un tránsito de una fase "democrático-burguesa y antiimperialista" de la Revolución a otra "socialista y marxista-leninista", entre 1960 y 1961, que en esencia no se diferenciaba mucho de la tesis de la "revolución traicionada", sostenida por la primera oposición y por algunos historiadores liberales, implicaba que los orígenes ideológicos y políticos del proyecto revolucionario no eran socialistas.
La refutación de Le Riverend, sin embargo, no era similar a la de historiadores como Jorge Ibarra, en Ideología mambisa (1972) o Nación y cultura nacional (1981) o de dirigentes, como el propio Fidel Castro, en Porque en Cuba sólo ha habido una Revolución (1968), que enfatizaban la continuidad ideológica de la Revolución a partir de un nacionalismo radical, sino que se inspiraba en la idea de que la Revolución Cubana era marxista-leninista desde sus orígenes, en 1953, con el asalto al Cuartel Moncada. Esta tesis que, como hemos reseñado aquí, manejaba el presidente Osvaldo Dorticós desde el verano de 1961 y que tiene puntos de contactos con la anticomunista y batistiana, que presentaba a los moncadistas como comunistas, adquiría rango académico en el ensayo de Le Riverend:

"Todo ello quedó formulado de conjunto en el alegato de Fidel, donde aparecen conceptos fundamentales, como prerrequisitos, en medio de la lucha armada, de las concepciones socialistas que se desarrollan a partir de 1956. En La historia me absolverá..., la justicia queda definida como justicia de clase, porque los tribunales nunca han condenado a un rico delincuente. Comentaristas ligeros o "expertos" de mala fe no han visto que los contenidos reales de las palabras de ese documento coinciden con los que dan a su propio vocabulario los grandes creadores del socialismo científico, Marx, Engels y Lenin".

¿Quiénes eran esos "comentaristas ligeros y expertos de mala fe" a los que se refería Le Riverend? Ciertamente no el por entonces Vicepresidente del Consejo de Estado,  Carlos Rafael Rodríguez, quien en su ensayo más enjundioso sobre el tema, que data de 1979, dos años antes de la publicación del capítulo de Le Riverend en el volumen de González Casanova, había escrito que "no hay otro modo de enfocar el nacimiento de la Revolución socialista en Cuba", fuera de aquel que localiza el punto de partida en las nacionalizaciones de octubre del 60. Cualquier otra manera, sugería Rodríguez, que intentara presentar la Revolución Cubana como un proceso ideológicamente unívoco, fuera desde 1868 o desde 1953, estaba obligada a desdibujar o, de plano, borrar la radicalización comunista entre 1960 y 1961.



 

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