Libros del crepúsculo

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jueves, 19 de junio de 2014

Thomas Mann y la vanguardia



En el capítulo dedicado a Nivaria Tejera, de mi libro La vanguardia peregrina (2013), intentamos colocarnos en la perspectiva del protagonista de la novela, Fuir la espirale, Claudio Tiresias Blecher -y de la propia Tejera- en el París de los 60. Ambos, autora y protagonista piensan París como capital de exilios, especialmente a partir de la experiencia de los intelectuales rumanos o latinoamericanos, que se conjugan en los nombres y el apellido del personaje, inspirado en el escritor kafkiano Max (o Marcel) Blecher.
            Para Blecher y Tejera había, desde los años 20, una relación entre vanguardia y exilio, que ambos asocian a una resistencia al ascenso de los totalitarismos comunista, fascista y nazi y a la emigración artística e intelectual que esos regímenes desataron. Thomas Mann es un nombre ineludible de aquellos exilios y, a pesar de su conservadurismo, también de la vanguardia, por lo que no es raro que fuera una figura a evocar en el París de los 60, entre escritores que intentaban romper los moldes del realismo moderno, que él mismo personificaba.
            La relación de Mann con la vanguardia, como ha estudiado Evelyn Cobley, atraviesa dos dimensiones. La música dodecafónica y atonal de Arnold Schönberg, pensada por Theodor Adorno como epítome del vanguardismo, que el protagonista de Doktor Faustus, el compositor alemán Adrian Leverkühn, abraza en su juventud y abandona en la vejez y la demencia. Pero también, el expresionismo de la plástica y el cine alemanes que, de distintas maneras, se imprimen o se debaten en las ficciones de Mann de los años 30 y 40, como observara el crítico Carl Einstein.
            La vanguardia, para Nivaria Tejera en el París de los 60, era cultural y política, estética e ideológica. El fascismo italiano pudo haber alentado el futurismo, pero la asociación de la vanguardia con el decadentismo en la ideología nazi o la mutación estética producida por el realismo socialista en la URSS, generaban una identidad entre el antifascismo occidental de entre guerras y una nueva vanguardia político-cultural, al estilo de la que defenderá André Malraux en Francia, que descolocaba a Mann dentro del conservadurismo o el realismo más tradicional de su tiempo.
           
           
           
           
           
            

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