Libros del crepúsculo

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miércoles, 11 de junio de 2014

Iroqueses y cubanos: dos tribus



A fines de los años 50, Edmund Wilson escribió para The New Yorker una serie de artículos sobre los indios iroqueses, que reunió en su libro Apologies to the Iroquois (1959). A Wilson le interesaba el desafío que el nacionalismo de esa comunidad, alentado por Canadá, implicaba para Estados Unidos desde los años de la Guerra Civil, a mediados del siglo XIX.
Mientras escribía su reportaje, Wilson entró en contacto con Wallace Anderson, Mad Bear, un líder de la comunidad de Tuscarora, a donde viajó varias veces el crítico e historiador. A Wilson le impresionaba la forma en que Mad Bear había defendido la autonomía de su comunidad ante los proyectos de modernización y urbanización promovidos por Robert Moses y otros políticos y urbanistas newyorkinos. En su correspondencia con Dos Passos, ambos hablan de Mad Bear como un héroe anticolonial.
Justo en los meses en que concluía su reportaje sobre los iroqueses, se produjo el triunfo de la Revolución Cubana. A diferencia de otros intelectuales de Nueva York, de su misma generación, como Waldo Frank, C. Wright Mills o Carleton Beals, Wilson no pareció sentir fascinación alguna por ese evento del Caribe. Las pocas veces que se refiere a Castro, en su correspondencia, es para restarle importancia como enemigo de Estados Unidos.
En un momento, sin embargo, la historia de esas dos tribus, los iroqueses y los cubanos, se cruzan en el epistolario de Wilson. Su amigo Mad Bear, el líder iroquí, le envía una postal desde un hotel de la ciudad de La Habana, en agosto de 1959, donde le cuenta que ha sido recibido con honores, en la isla, por el entonces Primer Ministro, Doctor Fidel Castro.  Luego de recibir la postal, en Talcottville, Wilson escribe a Mary Meigs: “I don’t know what this means”.

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