Libros del crepúsculo

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jueves, 29 de mayo de 2014

Hidden Martí, momento foucaultiano y gramática de la multitud



"Hidden Martí", el título del cuadro del pintor cubano Geandy Pavón, radicado en Nueva York, es algo más que una portada en el libro de Francisco Morán, que hemos comentado en los últimos días. La noción de un Martí oculto, oscuro, hombre en tiempos de oscuridad, como los pensados por Brecht y Arendt, es un dispositivo conceptual que atraviesa todo el libro y que le permite a Morán reconstruir la despectiva representación del otro, es decir, del sujeto que pertenece a una clase, una raza, una condición migratoria o un género distintos al suyo.
El pasaje de mayor dificultad, al menos para mí, en este libro, es el relacionado con el "racismo de Estado", que Morán, a partir de la conocida reflexión de Michel Foucault sobre el biopoder, detecta en la representación negativa de los inmigrantes europeos en las crónicas de Nueva York de Martí. Los inmigrantes son, muchas veces, para Martí, esas criaturas “agusanadas”, que corroen y enferman la república americana.
No cabe duda de que hay elementos raciales en esas representaciones, pero me sigue pareciendo, luego de leer las persuasivas interpretaciones de Morán de varias crónicas sobre irlandeses e italianos –no sé si le da la misma importancia a las crónicas sobre los chinos, que sí veo centralmente marcadas por el extrañamiento étnico- que el acento de Martí está más puesto en la pobreza, la ignorancia y la vagancia de esos sujetos que en un código étnico irreconciliable con la civilización, como pensaban los darwinistas y eugenésicos. La clase, el saber, las virtudes públicas –más que la raza- serían las identidades decisivas de una posible biopolítica martiana.
A partir de la tesis de Michel Foucault –sería Foucault, en todo caso, y no Rancière o Agamben o Esposito, el referente teórico fundamental de este estudio- no duda Morán en leer un “racismo de Estado” en Martí, toda vez que el cubano, en muchas de sus crónicas se identificaba con las autoridades norteamericanas o latinoamericanas, que debían regular y controlar la inmigración extranjera en sus países. El énfasis en la relación entre pobreza y ocio conecta una vez más, como bien advierte Morán, a Martí con Spencer, pero en un momento en que el pensador británico tomaba distancia de la eugenesia y del darwinismo social más agresivo de fines del siglo XIX.
En algunos momentos de este libro, así como en el importante estudio de Camacho sobre José Martí y la cuestión indígena, se sugiere una confluencia ideológica entre Spencer y Francis Galton y otros defensores de la eugenesia, que desde hace mucho tiempo, historiadores como Richard Hofstadter, por ejemplo, en su clásico estudio sobre el darwinismo social en el pensamiento americano, han cuestionado, a partir de la aproximación spenceriana al anarquismo libertario y de sus ideas sobre la filantropía y la beneficencia. El agnosticismo y el universalismo de Spencer también fueron importantes para Martí, si se recuerdan sus críticas al absolutismo y el catolicismo europeos que, según el cubano, dificultaban a muchos de aquellos inmigrantes asimilar el orden jurídico de la república americana.
Spencer fue uno de los pensadores más influyentes en la América Latina de fines del XIX porque las distancias de su evolucionismo con la eugenesia no alentaban un abandono de la doctrina de los derechos naturales del hombre, que era básica para liberales y republicanos latinoamericanos, como Martí, en las últimas décadas de aquella centuria. Así como podemos documentar la lectura crítica que Martí hizo de Spencer, sus acuerdos y desacuerdos con el autor de Principles of Sociology (1885), tenemos dificultades para encontrar marcas de Galton, Gobineau y los pensadores eugenésicos de fines del XIX, que inspiraron la genealogía del racismo de Foucault, en la obra del cubano.
Sólo una última nota sobre este libro fascinante, que quien se tome en serio los estudios martianos deberá leer. A partir de este volumen, el de Camacho, el de Abel Sierra Madero, Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana (2006), o los estudios más recientes del mismo autor sobre el “travestismo de Estado”, y el último ensayo de Pedro Marqués de Armas, Ciencia y poder en Cuba (2014), podría indagarse la posibilidad de un tardío “momento foucaultiano” en los estudios cubanos, tan provocador como problemático, si no queremos desentendernos de las críticas a Foucault que han producido el neomarxismo, el liberalismo multicultural o las teorías cosmopolitas de la cultura en las dos últimas décadas.
Leyendo a Camacho y a Morán, en estos meses, me pregunto si muchas de sus observaciones sobre el extrañamiento del otro en la escritura de Martí no podrían ser leídas, con mayor provecho, desde la teoría de las “gramáticas de la multitud” del neomarxista italiano Paolo Virno, quien se centra más específicamente en la genealogía de la moral capitalista, o desde las críticas a la homogeneidad del modelo republicano que han producido el liberalismo multicultural desde los años 90 y el cosmopolitismo intelectual desde mediados de los 2000. Pero con esto entramos en la zona tediosa de los marcos teóricos, que es lo que menos me interesa de estos libros, precisamente porque los eluden o los asimilan con una gran flexibilidad.
   

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