Libros del crepúsculo

Libros del crepúsculo

domingo, 26 de enero de 2014

Auden traducido



El poeta Wystan Hugh Auden (1907-1973), nacido en York, Inglaterra, y naturalizado estadounidense en 1946, fue, luego de las principales figuras del modernismo norteamericano (T. S. Eliot, Ezra Pound, Wallace Stevens, William Carlos Williams…), uno de los poetas de lengua inglesa que más interés despertó entre los escritores cubanos de los años 50 y 60.
La poesía de Auden que llamó la atención de sus contemporáneos en la isla fue la escrita luego de su traslado a Estados Unidos en 1939.  Son los años en que el poeta hace suyo un tono antitotalitario, que cuestionaba, en una misma perspectiva crítica, el nazismo, el comunismo y las democracias burocratizadas de Occidente. Los años, también, en que con su pareja Christopher Isherwood escribe teatro y asume públicamente su homosexualidad, luego de su matrimonio con Erika Mann, la hija de Thomas Mann.
Auden, lo mismo que Dylan Thomas y, un poco más adelante, los poetas beats (Ginsberg, Ferlinghetti, McClure…), fue leído como parte de una secuela del modernismo que criticaba esa tradición y se acercaba a la postulación de una nueva vanguardia. La lectura de Freud, el psicoanálisis y el existencialismo, colocó a Auden en un flanco de la literatura de postguerra, muy atractivo para los escritores reunidos en torno a la revista Ciclón (1955-57) y el magazine Lunes de Revolución (1959-61), que libraban su propia batalla contra una suerte de modernismo a la cubana, que veían personificado en Orígenes.
Aunque Auden llegó a publicar en Orígenes -su nota sobre D. H. Lawrence y el poema "Isla del placer" aparecieron allí- es en Ciclón, específicamente en el valioso número dedicado a Freud, de noviembre de 1956, donde, junto a ensayos de Lionel Trilling, Manes Sperber, Enrique Collado Portal, Maurice Blanchot y Virgilio Piñera, aparece su primer poema de largo aliento,“En memoria de Sigmund Freud”, traducido por José Rodríguez Feo. Allí se leen estos versos:

Así era este doctor: todavía a los ochenta quería
Preocuparse de nuestras vidas, a cuyo desenfreno
Tantos posibles y futuros jóvenes
Con amenazas y zalamería pedían obediencia.

Mas su deseo no se cumplió: sus ojos se cerraron
A este último espectáculo de todos conocido,
De problemas que como parientes reflejos
Y celosos rodean la hora de nuestra muerte.

Porque hasta el fin estaban a su alrededor
Aquellos que habían estudiado, los nerviosos y las noches,
Y otras sombras que esperaban entrar
En el círculo luminoso de su reconocimiento.

En el Lunes de Revolución del 4 de mayo de 1959, Enrique Berros tradujo otros tres poemas de Auden: “Musée des Beaux Arts”, “En memoria de W. B. Yeats” y “Septiembre 1 de 1939”, uno de sus más conocidos poemas políticos. En la nota introductoria, Berros se excusaba con el lector porque la “gracia y la ligereza de algunos fragmentos eran imposibles de rendir en castellano”. Y remataba: “nuestra lengua no lo admite”. La vehemencia de “Septiembre 1 de 1939” era, sin embargo, perfectamente traducible en La Habana de 1959:

Tucídides exiliado conoció
Todo lo que un discurso podía decir
Acerca de la Democracia
Y de lo que hacen los Dictadores,
La basura anciana que hablan
A una tumba apática.
Todo lo analizó en su libro.
El expulsado esclarecimiento,
El dolor, la desorganización
Y el luto que forman hábitos
Debemos padecerlos una vez más.
En este aire neutral
Donde rascacielos ciegos usan toda su altura
Para proclamar
La fortaleza del Hombre Colectivo,
Cada lengua derrama en vano
Excusas que compiten.
Pero quién puede vivir largo tiempo
En su sueño eufórico.
Desde el espejo nos miran
Las caras del Imperialismo
Y de la Injusticia Internacional.

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