Libros del crepúsculo

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miércoles, 12 de junio de 2013

La derecha comunista




En el libro Revolution 1989. The Fall of the Soviet Empire (Vintage Books, 2010) del periodista búlgaro, afincado en Inglaterra, Victor Sebestyen, se observa con claridad el momento en que Fidel Castro y los líderes históricos de la Revolución Cubana dejan de representar, para los sectores políticos e intelectuales de Europa del Este, voces de renovación de la izquierda mundial y se convierten en representantes y aliados del más feroz conservadurismo comunista dentro de la órbita soviética.
En su libro, Sebestyen reconstruye la visión que sobre Fidel Castro y el Partido Comunista de Cuba subsistía en las burocracias de aquellos países del campo socialista. Casi todos los testimonios apuntan a una complicidad de la dirigencia cubana con las fuerzas más reaccionarias, que intentaban reprimir o neutralizar la movilización de la sociedad civil contra el totalitarismo. El diplomático ruso Sergei Tarasenko, con muchos años de experiencia en Naciones Unidas, quien de joven vivió de cerca del ocaso de la cancillería soviética, intentaba explicarse la impopularidad del ministro de exteriores Andrei Gromyko en los 80.
Su explicación era simple y, a la vez, inapelable: “few people read Pravda, but everyone read The New York Times. The people who read Pravda were Fidel Castro… and the World Peace Council, whose services we paid for”. La alianza conservadora entre las élites políticas del campo socialista se basaba en la preservación de un sistema mundial de subsidios, articulado en torno a las prioridades del CAME, que favorecía a cada una de las nomenclaturas nacionales del bloque soviético.
Era esa defensa de los intereses la que impulsaba a las burocracias aliadas a practicar la represión sistemática de toda disidencia. Sebestyen reconstruye la conversación que Nicolai Ceausescu y su círculo más próximo –su esposa Elena, el Ministro del Interior Tudor Postelnicu, el Jefe de Seguridad Julian Vlad, el del Ejército Vasile Milea- sostuvieron en torno a los modos de actuar ante la concentración ciudadana en la plaza de Timisoara. Mientras los generales proponían negociar y Elena les gritaba “cobardes”, Ceausescu concluye:

“Some few hooligans want to destroy socialism and you are making it child`s play for them. Fidel Castro is right. You do not quieten your enemy by talking to him like a priest, but by burning him”.





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