Libros del crepúsculo

Libros del crepúsculo

sábado, 3 de noviembre de 2012

El artista diario




Este otoño, el artista cubano Wilfredo Prieto realiza un experimento en la Sala de Arte Público David Alfaro Siqueiros de la ciudad de México, bajo el título de "Dejándole algo a la suerte". Durante mes y medio, una instalación por día: un conejo y una tortuga, dos piedras besándose, una cana en la boca de un tanque de agua, dos boxeadores peleando, mientras sus sombras se proyectan sobre una pared, inmensas cajas de madera con un desnudo en el centro, dos vetas de agua en el suelo, cualquier diminuto objeto en el medio del salón....

La vieja aspiración de la vanguardia del siglo XX de confundir el arte con la artesanía o con el oficio, borrando la frontera entre el trabajo intelectual y el manual, reaparece aquí por medio de una peculiar noción del tiempo. Uno de los argumentos tradicionales para distinguir el arte de cualquier otro tipo de trabajo, bajo el capitalismo moderno, fue el de la acumulación de tiempo en la actividad creativa. El artista, como hubiera dicho Jacques Derrida, "da el tiempo" durante la creación y esa temporalidad indeterminada coloca su obra en una nueva lógica de intercambio, distinta a la del trabajo asalariado.

Las piezas e instalaciones de Prieto, en cambio, son tan efímeras como el día o, más específicamente, como las horas de la tarde y la noche en que el museo abre sus puertas al púbico. El arte se ha vuelto diario para el artista y para el público. La producción y el consumo de imágenes e historias han remedado el principio de funcionamiento del trabajo, del periodismo, de la televisión o de la radio. Se trata de un arte reconciliado con la rutina y el oficio, pero también con el azar y la suerte.

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