Libros del crepúsculo

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sábado, 20 de octubre de 2012

El día que Trotski no quiso viajar a La Habana




Una editorial española, de nombre tan exótico como Reino de Cordelia, ha rescatado un librito de León Trotski, titulado Mis peripecias en España (1929), traducido y editado por su amigo y discípulo catalán, Andreu Nin, también asesinado por órdenes de Stalin. El libro recoge las impresiones sobre España que Trotski anotó en su diario durante las varias semanas de 1916 que vivió en la península.
Trotski llegó a España por el País Vasco, expulsado de Francia por germanófilo, luego de haber sido expulsado, a su vez, de Alemania por francófilo. Como Lenin, Trotski era un crítico de los nacionalismos enfrentados en la Primera Guerra Mundial e intentaba movilizar a los obreros europeos a favor de una revolución socialista.
La idea de Trotski era pasar un breve tiempo en España, antes de trasladarse a Nueva York, donde veía con interés el auge del movimiento sindical. Intentó establecerse en Madrid, pero el gobierno de Romanones comenzó a vigilarlo luego de recibir informes sobre la peligrosidad del socialista ruso.
En sus apuntes, Trotski elogia la modernidad de Madrid, la iluminación y el gas, las juergas y fiestas de sus plazas y cafés, la magnificencia del Museo del Prado, pero advierte que la capital de España, "a pesar de su electricidad y sus bancos", es una metrópoli provinciana. Le molesta no ver mujeres en los cafés, el arcaísmo de los teatros, la visibilidad del poder de la Iglesia católica:

“El Madrid viejo es sombrío, con edificios horribles por su incomodidad y el descuido en que se hallan. Todo sigue absolutamente igual que en los tiempos de Dulcinea del Toboso y hasta de sus lejanos bisabuelos”.

Trotski lee la realidad española en clave cervantina o, específicamente, quijotesca. Cuando la policía secreta lo detiene temporalmente en la Cárcel Modelo le encuentra parecidos físicos a los presos con Sancho Panza y otros personajes del Quijote. Uno de sus compañeros de celda es un cubano, “afeitado, vestido de negro, de pelo brillante, cuidadosamente peinado. Nada de particular. Mató o hirió a una mujer”.
Intentando deshacerse de él, la policía madrileña decide enviarlo a Cádiz para que se embarque cuanto antes a Nueva York. En las semanas que pasó en esa ciudad de Andalucía, visitó bibliotecas en las que leyó sobre la historia de España. Especialmente, le interesó la revolución de los españoles contra Napoleón Bonaparte y el proceso constitucional de las Cortes de Cádiz. Las observaciones de Trotski sobre ese proceso demuestran una simpatía por el liberalismo hispánico, que contrasta con las críticas al mismo de Marx.
En una estación de policía de Cádiz, le dicen a Trotski que en las próximas semanas no zarpará ningún barco rumbo a Nueva York. Le sugieren, entonces, que tome uno a La Habana:

“ - ¿A La Habana?, pregunta el socialista ruso.
- ¡A La Habana!, le dice el policía.
- Voluntariamente no me marcharé, dice Trotski.
- Entonces nos veremos obligados a encerrarle a usted en las bodegas”.

Trotski anota en su diario que ante la disyuntiva, prefirió permanecer en la cárcel de Cádiz, para no tener que embarcarse a La Habana. Aunque agrega, “de todos modos, será preciso leer algo para saber qué es eso de marcharse a La Habana”. Aquellas semanas en España lo habían puesto en contacto con un país desconocido del Caribe: compartió celda con un matón cubano y el hotel donde se alojó en Cádiz se llamaba, curiosamente, “Hotel de Cuba”.
Resuelto a no embarcarse a La Habana, Trotski decide trasladarse a Barcelona, desde donde salen más barcos con destino a Nueva York. En lo que aguarda por la nave, piensa, puede conocer el movimiento obrero de esa ciudad, que le parece el más desarrollado de la península. Trotski viaja en tren a Barcelona, vía Zaragoza, y pasa algunos días en ese puerto, antes de seguir viaje a Nueva York. En esa Barcelona de 1916, por cierto, vivía un niño de tres años llamado José Ramón Mercader del Río.
aVoluntariamente

2 comentarios:

  1. Interesante. Había oído la anécdota de que Trotsky no quería ir a La Habana pero no sabía los detalles ni las razones. Parece que seguirá siendo un misterio.

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  2. No solo vivía el niño, allí vivía también su mamá, la cubana Caridad. No en balde no quería ir para Cuba. La combinación era explosiva y León se olía algo.

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