Libros del crepúsculo

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viernes, 20 de julio de 2012

Nicolás Guillén y el soldado que mató a su padre



Casi siempre que se intenta reconstruir la imagen del padre en la poesía de Nicolás Guillén vienen a la mente los versos iniciales de la “Elegía camagüeyana”: “¡Oh Camagüey, oh suave/ comarca de pastores y sombreros/ No puedo hablar; pero me gritan/ la noche, este misterio;/ no puedo hablar, pero me obligan/ el perfil de mi padre, su índice de recuerdo;/ No puedo hablar, pero me llaman/ su detenida voz y el sonido del viento”.
O los pasajes de las memorias Páginas vueltas (1982) en los que el poeta recordaba la amistad política de su padre, Nicolás Guillén Urra, con el general Justo Gustavo Caballero Arango, veterano de la guerra del 95 en Camagüey, quien lo nombró coronel; su levantamiento en agosto de 1906 contra la reelección de Tomás Estrada Palma; su oposición a la segunda ocupación norteamericana de la isla ese mismo año y su elección como senador por el Partido Liberal, con el arribo de José Miguel Gómez al poder.
Hay, sin embargo, una alusión anterior al padre, en la obra de Guillén, que es la que encontramos en la dedicatoria al poemario Cantos para soldados y sones para turistas (1937): “a mi padre, muerto por soldados”. En un cuaderno lleno de guiños a los soldados del Ejército del 4 de Septiembre, el batistiano por más señas –“abajo estoy yo contigo,/ soldado amigo./ Abajo, codo con codo, sobre el lodo”…; “no sé porqué piensas tú,/ soldado, que te odio yo,/ si somos la misma cosa,/ yo, tú…”-, Guillén no vaciló en identificar a los soldados de aquel nuevo ejército, surgido de la Revolución del 33, con los del viejo ejército del gobierno de Mario García Menocal, que sofocó la revuelta liberal de 1917 en Camagüey, donde murió su padre.
Un lector de viejos periódicos, como demostraría ser el autor de El diario que diario (1972), no podía dejar de indagar sobre la muerte de su padre, involucrado en el movimiento liberal de “La Chambelona” contra la reelección de García Menocal. Nicolás Guillén Urra, además de coronel de aquel viejo Ejército y senador de la República, era un conocido periodista, director de Las dos repúblicas y otras publicaciones liberales, por lo que los detalles de su muerte fueron reportados en la prensa habanera y camagüeyana.
A partir de unas notas aparecidas en El Camagüeyano, periódico conservador, el poeta interpretó que quien había ejecutado a su padre, cuando el hijo apenas cumplía 15 años, era el cabo Bonifacio Gandarilla, que dirigió la operación contra el campamento de Guillén Urra. La información sobre los sucesos de la finca de San Ramón, en marzo de 1917, le daban a entender que su padre y su compañero, el también periodista liberal Pedro Germán Bueno, no habían muerto en combate sino ejecutados. Sin embargo, las notas que leyó Guillén y que reprodujo hace algunos años el periodista José Manuel Villabella no permiten concluir tal cosa.
Villabella sostiene que la “muerte en combate” de Guillén Urra fue una invención de la prensa oficial menocalista porque así lo creía el poeta, pero no ofrece elementos suficientes para demostrarlo. La “muerte por soldados” del padre del Poeta Nacional ha pasado, en las efemérides oficiales del último medio siglo, a ser el “asesinato del padre de Guillén” ¿Por qué Guillén se resistía a creer que su padre murió en combate, si era coronel del Ejército y apasionado defensor del Partido Liberal y de su Jefe, José Miguel Gómez?
Mientras no se ofrezcan datos concretos a favor de la tesis de la ejecución, podrá suponerse que el malestar del poeta comunista con el pasado liberal de su padre lo llevó presentar a éste como una víctima de la “Pseudorrepública”. Imagen cuya distorsión podría refutarse fácilmente con una breve antología de los escritos de Guillén Urra a favor de José Miguel Gómez o del caudillo liberal de Camagüey, Gustavo Caballero Arango, su padrino político.
La incomodidad de Guillén con el pasado liberal de su padre no se expresó siempre de la misma manera. En los poemas del citado cuaderno del 37, por ejemplo, hay una evidente defensa del rol cívico del soldado en la República, que refleja muy bien las buenas relaciones que hubo entre comunistas y militares, sobre todo, en los años 30 y 40, en varias ciudades de Cuba, especialmente las de provincia. Después del 59, Guillén, como muchos comunistas, acentuó su antiliberalismo, llegando, lamentablemente, a simplificar el rico sentido político de su poesía republicana.

          

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