Libros del crepúsculo

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miércoles, 5 de enero de 2011

Áspera verdad de la novela

La expresión "la áspera verdad", atribuida a Danton y que Stendhal utilizó como epígrafe en su novela Rojo y negro, generalmente, se entiende y se traduce mal. Al menos, en la acepción que quiso darle Stendhal en la historia de Julien Sorel. Por lo general se piensa que la frase alude a la incomodidad, la rudeza o la inclemencia que genera la verdad en un mundo de mentiras. Pero Stendhal la utilizó en un sentido más literal: la verdad como algo no liso o plano, como una superficie de difícil acceso y tránsito.
En un ensayito inagotable, “La áspera verdad. Un desafío de Stendhal a los historiadores”, incluido en El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso y lo ficticio (FCE, 2010), del historiador italiano Carlo Ginzburg, se expone el equívoco por medio de un debate con los capítulos que Erich Auerbach dedicó a Stendhal en su gran estudio, Mímesis. La representación de la realidad en la literatura occidental (FCE, 1950).
Dice Ginzburg que Auerbach fue injusto cuando afirmó que “Balzac supera con mucho a Stendhal en la trabazón orgánica entre hombre e historia”. El reproche de Auerbach, más parecido al de un historiador positivista que al de un crítico literario, se basaba en que Stendhal escenificaba situaciones y personajes en contextos muy específicos –el momento previo a la Monarquía de Julio de 1830, por ejemplo- sin ofrecer al lector suficiente orientación para ubicarse en los mismos.
Cuando Stendhal describe los salones parisinos como sitios “aburridos y tristes” a Auerbach le parece que esa referencia tiene tiempo y lugar específicos –el París de fines del 29 e inicios del 30- y que, sin embargo, se hace pasar por imagen histórica de larga duración. Lo cual le resulta engañoso, ya que los salones parisinos eran cualquier cosa menos “aburridos y tristes” a fines del XVIII o en la época napoleónica.
Ginzburg recuerda, en cambio, que Stendhal cambió el subtítulo de su novela –primero fue “Crónica del siglo XIX” y luego “Crónica de 1830”- y que su ambivalencia entre el año 30 y las tres primeras décadas del siglo XIX era deliberada. La verdad histórica que le interesaba trasmitir a Stendhal era “áspera”, difícil de reconstruir y expresar. El historiador italiano encuentra la clave en unos cuadernos que llevó Stendhal durante una estancia en Roma, en la primavera de 1834:

“Durante mi juventud escribí biografías (Mozart, Miguel Ángel…), que en cierto modo son libros de historia. Me arrepiento de ello. Creo que la verdad acerca de las pequeñas cosas como de las grandes es casi imposible de alcanzar; al menos una verdad algo detallada. Monsieur de Tracy me decía: ya no se puede alcanzar la verdad si no es en las novelas. En cualquier otro sitio no es más que una presunción”.

2 comentarios:

  1. Rafa, casualmente recién leí un libro excelente de Antoine Compagnon (Las cinco paradojas de la modernidad) donde también critica a Auerbach por el análisis que éste hace del desarrollo de novela realista francesa, trazando un paralelo de la misma con la Modernidad histórica, lo que para Compagnon sería un error, ya que las directrices de la Modernidad literaria y las de la Modernidad que construyeron los discursos positivistas, casi nunca confluyen.
    Un fuerte abrazo y buenos deseos y lecturas para este 2011.

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  2. Gracias por el comentario, Pablo, mis mejores deseos para tí también en este nuevo año.

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