Libros del crepúsculo

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Cádiz y la historia americana al revés

Siempre que se llega a Cádiz es inevitable pensar en lo mucho de América que entró a España y a Europa por esta pequeña puerta atlántica y en lo mucho, también, que de España y Europa salió de aquí hacia los principales puertos de la América hispana. Caminar por Cádiz es leer historia hispanoamericana, la mayoría de las veces, en clave diferente a la historia oficial que trasmite el espacio público latinoamericano.
Es muy poca la memoria que en América Latina se dedica a los diputados americanos que intervinieron en los debates de las Cortes de Cádiz, entre 1810 y 1812, y que firmaron la célebre Constitución liberal de este año, que modernizó la vida política de la monarquía católica española. La Constitución de Cádiz, como es sabido, fue la primera de muchas similares que se propagarían por Europa tras la caída de Napoleón.
Aquí, en Cádiz, se rinde culto al quiteño José Mejía Lequerica, “Demóstenes americano”, como le llamó Félix Varela, a los novohispanos Guridi Alcocer y Ramos Arizpe, al guatemalteco Antonio Larrazábal y al puertorriqueño Ramón Power. Junto a una tarja en honor a José Celestino Mutis, viajero, matemático y botánico gaditano, que encabezó expediciones científicas a América y acabó colombianizado, puede encontrarse otra en honor al Inca Yupangui, diputado peruano a las Cortes de Cádiz.
En Buenos Aires abundan las estatuas de San Martín y Belgrano, en Caracas, las de Bolívar y Sucre, en México, las de Hidalgo y Morelos. Pocos recuerdan a los bonaerenses Francisco López Lisperguer y Luis de Velasco o a los venezolanos Esteban de Palacios y Fermín de Clemente. Aquí en Cádiz los héroes americanos parecen ser otros, aunque, por vías distintas, hayan defendido las mismas causas como la abolición de la esclavitud y la igualdad de derechos entre América y España.
Pero en Cádiz también se recuerda al caraqueño Francisco Miranda, uno de los héroes mejor ubicados en el panteón latinoamericano. En viaje inverso al de Mutis, nacido en Cádiz y muerto en Bogotá, Miranda fue entregado por Bolívar a las tropas españolas y luego arrestado en el Castillo de San Felipe en Puerto Cabello. De allí se le trasladó al Morro de San Juan, Puerto Rico, y finalmente se le recluyó en el penal de las Cuatro Torres, ubicado en el arsenal de la Carraca, en Cádiz, no muy lejos de donde habían sesionado las cortes gaditanas.
Aquí murió Miranda, de apoplejía, en 1816, mientras planeada una última fuga hacia Gibraltar, donde aspiraba al apoyo de los británicos. Ya para entonces Fernando VII había sido restaurado como monarca absoluto de las Españas y los diputados americanos que sobrevivieron a las epidemias y a la represión se exiliaban en Londres. Justo en ese momento se comprobaría que las ideas de los americanos constitucionalistas no eran muy diferentes a las de los próceres de la independencia.

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