Libros del crepúsculo

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martes, 17 de noviembre de 2009

Juan Ramón habla con los árboles en Miami

El Miami hipermoderno, de los vertiginosos expressways y los edificios inteligentes del Downtown, parece ajeno a la lírica concentrada de algunos poetas de la generación del 27. Hubo y hay otro Miami, sin embargo, el de los canales y los árboles, el del mar y el río, las calles de “solisombra” y las esquinas resplandecientes, que fue inmortalizado por Juan Ramón Jiménez en los poemas que escribió durante su estancia en esa ciudad entre 1939 y 1942.
La editorial Artes de México y el Centro Cultural Español de Miami han reeditado el cuaderno Romances de Coral Gables (1948), de Juan Ramón Jiménez, que fuera publicado por vez primera en México, por la editorial Stylo, en una colección significativamente titulada “Nueva floresta”. Como bien señala Alfonso Alegre Heitzmann, en el prólogo, la obra de Jiménez, entre su salida de España, en 1936, y su muerte en Puerto Rico, en 1958, gira obsesivamente en torno a la condición del exilio.
Jiménez identificaba el sentido de sus exilios con el lugar de los mismos -La Habana, San Juan, Miami, Nueva York-, como si cada una de estas ciudades fuera una estación distinta del mismo itinerario. Con la estética del pintor, Jiménez abrió su poesía al paisaje de Miami: “las costas oscuras de honda presencia”, las palmas y los pinos, el “oro del sol”, la “Anadena de Bocaratón”, la “calle de solisombra”, que perfectamente podría ser la arbolada Coral Way: “cuando la calle termina/ en las dos esquinas otras,/ sigue una calle de luz,/ dos paredones de sombra”.
Juan Ramón establece una contraposición entre el “errante” y el “residente”, dos tipos de hombres, que él hermana en la relación con los árboles. El residente, dice, “tiene raíz adentro”, pero desde su lugar en la tierra “también se va a la eternidad sin patria”. El errante, lo mismo que el residente, tiene la facultad de conversar con los árboles, pero su falta de raíz lo lleva inevitablemente al viaje, al abandono, a la traición:


Ayer tarde,
volvía yo con las nubes
que entraban bajos rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oí hablar a los árboles.

Cuando yo ya me salía,
vi a los árboles mirarme.
Se daban cuenta de todo
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el paseante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

5 comentarios:

  1. muy interesante, gracias por compartirlo
    Juan C Recio

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  2. Hay un poema muy anterior de Jiménez en donde la contraposición entre lo que se va y lo que se queda es más fuerte y menos obvia y en donde el exilio se confunde con la misma condición personal en la naturaleza y en la historia. Aquí todo se queda –no solo lo arraigado como los árboles, sino también el pájaro, el cielo, el pozo del huerto, las tradiciones, las sensaciones, la rima y hasta el propio espíritu del poeta… Todo, menos "yo" y "aquellos que me amaron".

    Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
    cantando;
    y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
    y con su pozo blanco.
    Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
    y tocarán, como esta tarde están tocando,
    las campanas del campanario.
    Se morirán aquellos que me amaron;
    y el pueblo se hará nuevo cada año;
    y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
    mi espíritu errará, nostálgico…
    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
    verde, sin pozo blanco,
    sin cielo azul y plácido…
    Y se quedarán los pájaros cantando.

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  3. Salcedo, caramba, que ese poema de Juan Ramón es sobre la muerte, Yo me iré y quedarán los pájaros cantado, traducción: me moriré y nada cambiará, el mundo seguirá igual. Este es un tema que era casi una constante en el poeta, nada tiene que ver con la poesía que escribió en Coral Gables

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  4. Anónimo, no creo que sea muy difícil advertir que el poema temprano habla sobre la muerte. Me refería a las semejanzas y diferencias de estos poemas en su contraposición de lo estable y lo mudable, lo afincado y lo errante. Repito que el primero es mucho más radical en esa contraposición. El poema de Coral Gables también sugiere la participación de lo eterno como un olvido momentáneo de nosotros mismos, de nuestra condición. Algo más reflexivo, intelectual, derivado. Y por ello, también, mucho menos radical.
    Creo que JRJ estaría de acuerdo conmigo.

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  5. hola soy el bananero

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