Libros del crepúsculo

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jueves, 5 de noviembre de 2009

El festín de Esopo

El martes falleció a los 101 años el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss. Más de un siglo vivió el estudioso de las estructuras elementales del parentesco. Una larga vida para un pensador de la vida. Este último aspecto, el del pensamiento de la vida, fue el que más llamó la atención del poeta mexicano Octavio Paz, quien en 1967 dedicó al autor de Tristes trópicos (1955) y El pensamiento salvaje (1962), un ensayo titulado Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, reeditado el año pasado con motivo del centenario del antropólogo.
Paz contaba que había conocido la obra de Lévi-Strauss a través de George Bataille. El interés del mexicano por la antropología francesa era un hábito heredado de las vanguardias, especialmente, del surrealismo, al que estuvo vinculado en su juventud. México, por otro lado, era un tema ineludible de la antropología y del surrealismo, por lo que la lectura de Lévi-Strauss por Paz estaba predestinada. Sólo que Paz leía como poeta: pocos, antes que él, leyeron la prosa de Lévi-Strauss como una marca de Bergson, Proust y Breton y pocos habían colocado al antropólogo en la tradición del “moralismo” francés.
Aunque Paz suscribía entonces la “crítica de las instituciones occidentales” que proponía Lévi-Strauss, no entendía ésta, únicamente, a partir de sus conexiones con el estructuralismo de Saussure sino de una mixtura entre Marx y Freud que, por momentos, recuerda algunas ideas de Deleuze y Guattari. Paz vendría siendo un postestructuralista avant la lettre, para quien la antropología era literatura y el estudio de las comunidades primitivas formaba parte de una reubicación del sujeto en la naturaleza, similar a la que trasmitían las fábulas de Esopo.
Cuando Paz insiste en colocar a Lévi-Strauss en las tradiciones de la filosofía fenomenológica y del moralismo francés está tratando de rebasar la tensión entre “civilización” y “barbarie”, planteada por la antropología, e intentado reconciliar esa forma del saber con la tradición ilustrada. Paz ve al antropólogo del siglo XX como un descendiente del viajero y el naturalista ilustrado del siglo XVIII. Pero el “moralismo” del antropólogo, a diferencia del de los naturalistas, no le parece “imperial” sino dialógico.


“Lévi-Strauss desconfía de la filosofía pero sus libros son un diálogo permanente, casi siempre crítico, con el pensamiento filosófico y, especialmente, con la fenomenología. Por otra parte, su concepción de la antropología como parte de una futura semiología o teoría general de los signos y sus reflexiones sobre el pensamiento (salvaje o domesticado) son en cierto modo una filosofía: su tema es el lugar del hombre en el sistema de la naturaleza. En un sentido más reducido, aunque menos estimulante, su obra de “moralista” tiene un interés filosófico: Lévi-Strauss continúa la tradición de Rousseau y Diderot, Montaigne y Montesquieu”.

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