Libros del crepúsculo

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domingo, 27 de septiembre de 2009

De "el tiempo" a los tiempos

Casi un siglo después de su aparición, en 1915, la editorial Trotta, en su colección “mínima”, ha reeditado el ensayito de Martin Heidegger “El concepto de tiempo en la ciencia histórica”. Allí Heidegger hacía una diferenciación entre la noción de tiempo en la física y en la historia, entendiendo ésta última como una “ciencia” con igual positividad que las ciencias naturales.
A pesar del lastre positivista del ensayo y de que fue escrito antes de la publicación de la teoría de la relatividad de Einstein, que se daría a conocer en el mismo año 1915, Heidegger apunta ideas sugerentes en sus comentarios sobre historiadores académicos como Troeltsch y Ranke y en su crítica a la historia oficial de los “documentos cancillerescos”. En esta última forma del saber Heidegger encontraba una “voluntad de poder”, no equivalente al “poder en el sentido de la violencia intelectual que ejerce la concepción del mundo de la ciencia natural”.
Aunque no es explícito sobre el asunto, es probable que Heidegger pensara entonces que la voluntad de poder de las historias oficiales era más dañina que la de las ciencias naturales, porque tenía a su disposición la fuerza represiva del Estado. Con los años y su observación crítica de los elementos destructivos de la revolución tecnológica del siglo XX esa percepción fue matizándose. La propia idea de la historia y del tiempo de Heidegger, como es sabido, cambió, y una buena muestra es el ensayo sobre Wilhelm Dilthey y la “lucha por la concepción histórica del mundo” (1925), que los editores de Trotta tuvieron a bien insertar en este volumen.
La principal diferencia entre ambos ensayos reside en que en el primero Heidegger entiende el pasado como “no presente”, mientras que en el segundo dirá que “el pasado está inmediatamente ahí como un presente que ha pasado”. Al introducir el argumento de la relatividad del tiempo, Heidegger critica la morfología civilizatoria de Spengler porque considera que la misma parte de la existencia de identidades o “almas culturales” predeterminadas e inmutables. Spengler, dice Heidegger, hace “botánica disfrazada de historia”.
La relatividad del tiempo produce, según Heidegger, una diversificación de los pasados y los presentes de la historia y una cada vez mayor interrelación entre esas dimensiones temporales. “El propio presente –como el pasado- es uno entre otros”. Las conexiones entre pasado, presente y futuro no hacen más que incrementarse a medida que la comprensión de la relatividad pasa de la física a las humanidades. Unas líneas del ensayo sobre Dilthey nos devuelven aquella lucidez heideggeriana, tan mal asimilada por los historiadores contemporáneos, y que quedará plenamente expuesta, dos años después, en la teoría del Dasein de Ser y tiempo (1927):

“El adelantarse a la posibilidad más extrema que me es propia, que todavía no soy, pero que seré, es ser-futuro. Yo mismo soy mi futuro a través del adelantarse. Yo no soy en el futuro, sino el futuro de mí mismo. Llegar a ser culpable no es otra cosa que llevar consigo el pasado. Llegar a ser culpable es ser pasado. El pasado se mantiene y es visible en el ser culpable”.

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