Libros del crepúsculo

Libros del crepúsculo

viernes, 11 de mayo de 2018

Iroel Sánchez: tres mentiras en una oración

En una "cronología de la subversión" en Cuba, aparecida hoy en Cubadebate, sitio electrónico del Partido Comunista de Cuba, el propagandista del gobierno cubano Iroel Sánchez da rango oficial a una serie de rumores y embustes publicados en los últimos meses en su blog, La pupila insomne, como parte de la campaña contra el llamado "centrismo". Sánchez menciona múltiples eventos y actividades académicas o políticas de actores diversos, dentro y fuera de Cuba, en los últimos diez años (Yoani Sánchez y 14 y Medio,  Carlos Saladrigas y el Cuba Study Group, Fernando Ravsberg y Cartas desde Cuba, Cuba Posible, Periodismo de Barrio, On Cuba, La Joven Cuba, El Toque, Havana Times, Diario de Cuba...), y los envuelve en una misma trama insurreccional: el intento de derrocar a la Revolución Cubana con apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Ninguna de esas asociaciones o publicaciones llama a un cambio violento del sistema cubano y algunas, de hecho, se oponen a cualquier escenario de ruptura del régimen, además de rechazar explícitamente la política de Estados Unidos hacia Cuba, basada en el embargo comercial y la presión diplomática sobre la isla.  Lo que han hecho la mayoría de esos actores es demandar reformas, en algunos casos, las mismas reformas contenidas en los documentos del Partido Comunista de Cuba entre 2011 y 2012. Pero a Sánchez lo que menos le importa son las evidencias: su misión es crear una trama subversiva, a costa de la ética más elemental en el debate público.
Me basta, para sustentar lo anterior, con una entre tantas calumnias. Dice Sánchez que el 22 de febrero de 2017, en la Ciudad de México, "se realizó un evento para una nueva constitución cubana organizado por Rafael Rojas, a nombre del Centro de Estudios Constitucionales Iberoamericanos (CECI AC) con 60 mil dólares de la USAID para distribuir entre sus participantes". En una sola oración hay tres mentiras: 1) el evento no contó con financiamiento de la USAID -reto a Sánchez a que publique pruebas de algún financiamiento de la USAID al citado centro y a la actividad del 22 de febrero; 2) el tema del evento no fue "una nueva constitución cubana" -que, para ser legítima, sólo podría ser obra de un congreso constituyente-, sino la historia constitucional de la isla, el orden constitucional actual, los actores e instituciones del cambio constitucional y los escenarios de reforma o proceso constituyente que se abren para Cuba; y 3) los fondos para el evento "no se repartieron entre los participantes" sino que se invirtieron en los gastos de la conferencia y en la edición del volumen, El cambio constitucional en Cuba, impreso por el Fondo de Cultura Económica.
El resultado del seminario que realizamos en México, en febrero de 2017, está a la vista de quien se interese en el tema y es el mencionado libro, que se presentó en Casa de América, en Madrid, en noviembre de 2017. Tan sólo una lectura del índice permite comprobar que el objetivo del encuentro no fue "hacer" una nueva Constitución cubana, sino contribuir al debate sobre el cambio constitucional en la isla, un asunto que concierne a todos los cubanos, vivan donde vivan y piensen como piensen. Iroel Sánchez miente con toda la impunidad que le asegura un Estado totalitario, que no sólo lo financia a él y a los demás propagandistas de tiempo completo, sino que con ayuda de sus mentiras reprime y estigmatiza a críticos, reformistas y opositores pacíficos.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Dos intelectuales orgánicos del populismo clásico


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Entre los múltiples intelectuales adscritos con mayor o menor profundidad a los primeros gobiernos de Getulio Vargas, en los años 30, y al lanzamiento del Estado Novo en los años 40, destaca el abogado, sociólogo y economista Almir Bonfim de Andrade (1911-1991). Este escritor estudió derecho en la Universidad de Río de Janeiro y, a principios de los 30, estuvo ligado a los círculos “integralistas” o filofascistas de publicaciones como el Jornal do Brasil y, sobre todo, A Razao de Sao Paulo, dirigido por Plinio Salgado, futuro jefe de la Acción Integralista Brasileira (AIB), principal asociación del fascismo suramericano. Como observa Helio Trindade, en su clásico estudio sobre el “integralismo”, en los años 20 y 30, la crisis del liberalismo y, específicamente, de la vieja república brasileña, produjo una aproximación al fascismo de actores intelectuales y políticos que no provenían de la derecha católica nacionalista sino de una izquierda vanguardista y liberal, desencantada con el republicanismo oligárquico.
            Para fines de los 30, Andrade era profesor de la Facultad de Derecho en Río y colaboraba con los planes de capacitación de maestros del Ministerio de Educación varguista, ya para entonces encabezado por Gustavo Capamena. Fue ahí que entró en contacto con la medicina y la psicología social de André Omdrebane, profesor de la Sorbona, invitado a Brasil a fines de los 30. A través de Capamena y del Ministro de Justicia, Francisco Luís da Silva Campos, Andrade se relacionó con el director del Departamento de Imprenta y Propaganda (DIP) del Estado Novo, Lourival Fontes, quien le ofreció la dirección de la revista Cultura política, principal plataforma ideológica del varguismo. Por medio de una política editorial cuidadosa y, a la vez, comprometida, Andrade atrajo hacia aquella revista a figuras de gran prestigio intelectual, como Glberto Freyre, Graciliano Ramos y Nelson Werneck Sodré, que originalmente habían estado distanciados u opuestos al varguismo. En 1943, gracias a su desempeño al frente de Cultura política, Andrade pasó a ser director de la Agencia Nacional de publicidad del Estado Novo.
          Las ideas de Andrade se van perfilando en los años 30 como una reacción contra el giro antipositivista del pensamiento occidental desde fines del XIX, que ve personificado en Friedrich Nietzsche, Henri Bergson y Sigmund Freud. A la refutación del dualismo "consciente-insconsciente" de Freud, dedicó Andrade uno de sus primeros libros, A Verdade contra Freud (1933). Luego, a fines de los 30, tras la promulgación de la Constitución de 1937, proyectó aquella crítica al dualismo por medio de la aproximación a la antropología y la sociología funcionalista, especialmente en la variante historicista de Franz Boas, que veía impulsada por Gilberto Freyre. Ya desde su ensayo Aspetos da cultura brasileira (1939), Andrade inició una línea de comprensión de la realidad brasileña, que llamará "totalitaria", por medio de una ponderación equilibrada de lo que, muy en sintonía con el cubano Fernando Ortiz, llamaba "factores humanos" de la cultura: la economía, las razas, las clases, la sociedad, la política, las artes y las ciencias.
        La "revolución" que Vargas y el Estado Novo llevaban adelante en Brasil, según Andrade y su revista Cultura política, era "evolutiva". Algo muy parecido a lo que sostendrán Raúl Scalabrini Ortiz (1898-1959) y el grupo Forja (Fuerza de Orientación Radical dela Juventud Argentina), en el vecino país surameticano, por los mismos años. El grupo Forja apoyó el levantamiento militar de junio de 1943, que llevaría a Juan Domingo Perón al gobierno, primero como Secretario de Trabajo y Previsión Social y luego como presidente. Scalabrini, que inicialmente rechazó el golpe, jugó un papel decisivo en la conceptualización del régimen populista argentino como "revolucionario". Una revolución esencialmente reformista, que compartía el sentido "orgánico" o "integrador" del varguismo, pero que se diferenciaba de éste por un tipo de nacionalismo antibritánico y antinorteamericano, que nunca tuvo tanto peso en Brasil.
        Scalabrini escribió algunas de las más encendidas denuncias de los intereses británicos en Argentina, como Política británica en el Río de la Plata (1934), y una Historia de los ferrocarriles argentinos (1940), que llamaba desde sus primeras páginas a una recuperación, para el Estado, de los principales recursos naturales y empresas de servicios públicos del país. Ya con Perón en el gobierno, Scalabrini, que era un poeta menor, escribió genuinos panfletos, como Tierra sin nada, tierra de profetas (1946), Yrigoyen y Perón: identidad de una línea histórica (1948) o Perspectivas para una esperanza argentina (1950), que presentaban el peronismo como una aurora de redención, que dada sentido a la vida de los argentinos, antes desorientados por una larga experiencia colonial. Los ensayos de Scalabrini Ortiz partían de una perspectiva antiliberal, que lo llevó a cuestionar muy severamente a la tradición de Sarmiento, Alberdi y Mitre y a valorar positivamente la figura de Juan Manuel de Rosas, dando pie al revisionismo nacionalista que marca buena parte de la historiografía argentina a mediados del siglo XX.






jueves, 26 de abril de 2018

Múdese a Cuba, general Perón

Entre 1962 y 1966, John William Cooke, representante del peronismo ante la juventud argentina radicalizada por la Revolución Cubana, pidió en varias ocasiones a Perón que abandonara el Madrid de Franco y pusiera residencia en La Habana, nueva "meca revolucionaria". La última vez que hizo aquella solicitud, Cooke a su jefe, fue en enero de 1966, cuando el joven peronista participaba en la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana. Según Cooke, la causa revolucionaria en América Latina, a pesar de la reproducción de las guerrillas, estaba estancada, sobre todo, por las diferencias entre la izquierda populista y la comunista. "El único hecho que puede volcar las condiciones -decía- es que Ud. abandone España y se vaya a Cuba. A vivir sería lo ideal; en todo caso, por un tiempo, para luego fijar residencia en algún otro país liberado".
Entre las múltiples razones que Cooke exponía a Perón, para justificar su insistente propuesta, había una, que no debió agradar del todo a sus anfitriones cubanos. A pesar de admirar profundamente a la Revolución Cubana y a sus líderes, especialmente al Che Guevara y a Fidel Castro, el joven argentino no consideraba a ninguno de estos capaces de unificar a todas las fuerzas revolucionarias latinoamericanas por su falta de experiencia, la pequeñez de la isla caribeña o por su necesaria relación de entendimiento con la Unión Soviética. En el noveno punto de su larga propuesta, decía quien hablaba como la voz de Perón ante los diversos grupos de la izquierda populista, nacionalista y socialista, reunidos en La Habana en 1966:

"Fidel Castro es el líder revolucionario que más despierta el sentido antimperialista en el continente. Pero su fuerza se reduce, en términos concretos de efectivos humanos, a una isla poco habitada. No hay ningún movimiento en el continente comparable al peronismo en cuanto a número, ni otro líder que pueda jugar el papel que Ud. debe jugar. Cárdenas está viejo y el engranaje del partido oficial de la Revolución Mexicana lo tiene anulado. Brizola es demasiado nuevo y sus fuerzas son todavía escasas, sin cohesión. Juliao es un líder regional, con fuerza solamente en la zona norteña, y sin organización ni siquiera allí. En otras palabras: hay un liderazgo continental que Fidel no puede desempeñar por sí solo, desde que le falta base en el territorio continental, y que Ud. es el único que puede compartir aportando base numérica en tierra firme y despejando los equívocos de la propaganda imperialista: tanto la que desnaturaliza el peronismo desconociendo su entraña revolucionaria como la que reduce a la Revolución Cubana a sus formas comunistas. Su presencia retemplaría los ánimos del peronismo y sería un estremecimiento en toda América Latina, con nosotros y los cubanos uniendo las fuerzas respectivas compensándonos mutuamente las debilidades".

martes, 17 de abril de 2018

La "revolución", según peronistas y guevaristas


Las tensiones y fracturas entre una idea populista y otra marxista de la Revolución, en América Latina, durante la Guerra Fría, tienen en la correspondencia entre Juan Domingo Perón, desde el exilio, primero en Ciudad Trujillo y luego Madrid, y su agente en La Habana, John William Cooke, uno de sus documentos fundamentales. Aunque Perón era para entonces inquilino de dictadores amigos de Fulgencio Batista, como Marcos Pérez Jiménez, Rafael Leónidas Trujillo y Francisco Franco, las primeras declaraciones del líder argentino sobre la Revolución Cubana fueron favorables. A su lugarteniente y discípulo Cooke le gustaba citar una frase peronista de 1959: "la Revolución Cubana tiene nuestro mismo signo".
Cooke escribe varias cartas a Perón desde La Habana, entre 1960 y 1962, que trasmiten claramente la radicalización socialista de la juventud peronista. Primero le dice que La Habana es la "meca revolucionaria", iniciando un plan de traslado del dirigente argentino a la isla que nunca llegó a concretarse. Cuando comienzan las nacionalizaciones y confiscaciones de medios de prensa, en la primera mitad de 1960, Cooke dice algo muy revelador. Sin autodenominarse todavía "socialista", la Revolución Cubana estaba planteando una renovación de la izquierda que daba la razón a Perón, frente a sus enemigos en la izquierda moderada o democrática latinoamericana:

“La Revolución Cubana nos ayuda, también, en otro sentido. Los que nos combatían con apego a los valores consagrados de la burguesía liberal, que ahora están con Cuba, ven como aquí también desaparece la “prensa libre" y como ha sido necesario intervenir en las universidades para terminar con uno de los más completos aparatos de dominación oligárquica. Ven como el clero reaccionario afila sus cuchillos a la espera del momento oportuno para dar la batalla de frente. Ven también quienes son, en realidad, los “izquierdistas" que nos combatían: Frondizi, Lleras Camargo, Betancourt, Arciniegas, Figueres, etc, etc…”

Tal vez Cooke tuviera en mente a alguien muy concreto como su compatriota Ezequiel Martínez Estrada, crítico severo del peronismo, quien también por entonces vivía en La Habana y se aproximaba a Cuba por la vía socialista. Perón responde positivamente al entusiasmo de Cooke con la Revolución Cubana, pero hasta un punto. Cuando se produce la declaración oficial del marxismo-leninismo como ideología del gobierno cubano, comienzan las reservas del dirigente argentino. El propio Cooke, involucrado en los proyectos guerrilleros del Che Guevara y Jorge Ricardo Masetti, para 1962, teme, ante un Perón cada vez más receloso, que el control de "los cubanos" sobre las nuevas guerrillas argentinas desvirtúe el proyecto originario del "justicialismo peronista", 

jueves, 12 de abril de 2018

Lecturas de Guiteras



Por una entrevista con Delia Echeverría, militante de la Joven Cuba, amiga y pareja de Antonio Guiteras, y por los estudios clásicos de José Tabares del Real y Olga Cabrera, sabemos cuáles eran algunas de la lecturas preferidas del joven revolucionario cubano en los años 20 y 30. En poesía,  Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Charles Baudelaire, José Asunción Silva, y en prosa, Henri Barbusse y, sobre todo, José Enrique Rodó. No tanto el Rodó de Ariel (1900) sino el de Motivos de Proteo (1909), texto con el que, por lo visto, Guiteras llegó a desarrollar cierta familiaridad.
El único de aquellos escritores que podría ser considerado revolucionario e, incluso, comunista, era Barbusse, un narrador naturalista francés, que en novelas como El fuego (1916) había cuestionado el militarismo y el imperialismo de la Primera Guerra Mundial. Barbusse, junto a Romain Rolland, jugaría un papel central en las redes de la Segunda Internacional y en el movimiento antimperialista europeo, durante los años 20, siendo uno de los principales anfitriones de los encuentros de París en 1924 y Bruselas en 1927.
Para mediados de los 30, cuando algunos defensores europeos de la URSS, como André Gide, comenzaron a criticar el estalinismo, Barbusse se les enfrentó por medio de ditirambos del gran jefe comunista como su biografía Stalin. Un mundo nuevo a través de un hombre (1935). Pero Barbusse, lo mismo que Rolland, proyectaba su simpatía por el estalinismo por medio de un humanismo europeo progresista y, sobre todo, un latinoamericanismo de izquierda, claramente plasmado en sus colaboraciones en revistas como Amauta, dirigida por el marxista peruano José Carlos Mariátegui. Era esto último lo que más interesaba al joven Guiteras.
La poesía y la prosa de Poe, Baudelaire y Wilde, por su lado, formaba parte del archivo literario del modernismo hispanoamericano de fines del siglo XIX. De niño, Guiteras tuvo contacto directo con el inglés y el francés, ya que había nacido y vivido hasta los siete años en Filadelfia. Su madre era norteamericana, de ascendencia irlandesa, y su padre un cubano-catalán, que fue profesor de francés en Pinar del Río y Matanzas. Según el testimonio de Echeverría, Guiteras fue un devoto lector de Poe, Wilde y Baudelaire, en sus lenguas originales, y recitaba de memoria Las flores del mal. No es raro, entonces, que entre los poetas malditos hispanoamericanos, su preferido fuera el suicida Silva.
Puestos a localizar temas de atracción, en todas aquellas lecturas, me inclinaría por uno que atraviesa el poemario de Baudelaire y el ensayo de Rodó: la mutación y el cambio. Lo que en Baudelaire aparecía como "spleen" o "crepúsculo", en Rodó es planteado como una tipología precisa de la renovación social, que debió dejar una marca profunda en Guiteras. Hay en todos los programas políticos elaborados por el socialista cubano, desde los del Directorio Estudiantil en los 20 hasta el de la Joven Cuba en los 30, una dialéctica entre revolución y reforma que desafía cualquier ortodoxia ideológica, sea reformista o revolucionaria, liberal o marxista.

viernes, 6 de abril de 2018

El primer Guiteras y los límites democráticos del nacionalismo



En abril de 1927, cuando era todavía miembro del Directorio Estudiantil Universitario, Antonio Guiteras redactó y firmó un manifiesto en el que se oponía a la prórroga de poderes que impulsaba Gerardo Machado por medio de una serie de reformas a la Constitución de 1901. El documento revela ese constitucionalismo inicial de toda revolución, cuando el cambio es anunciado por medio de la lealtad a un código originario. Según Guiteras, Machado intentaba quebrar el orden constitucional en que se sustentaba la democracia republicana en Cuba.
De acuerdo con aquel primer Guiteras, en 1927 no había necesidad de cambiar la Constitución de 1901, mucho menos para perpetrar "un atentado a las libertades y a la soberanía del pueblo cubano". El joven revolucionario pensaba que la prórroga de poderes estaba siendo negociada con Estados Unidos, para asegurar la continuidad de un gobierno afín a los intereses de una oligarquía entreguista. Si se reformaba la Constitución para perpetuar a Machado, suponía Guiteras, habría menos posibilidades de llegar al poder por la vía electoral en 1928 o en 1932
El momento más interesante del documento llega cuando Guiteras alerta contra el recurso discursivo de Machado y los machadistas de que la prórroga de poderes podría servir para negociar con el gobierno de Estados Unidos la abrogación de la Enmienda Platt. Machado había viajado a Washington y había pedido al presidente Calvin Coolidge el fin del plattismo. Guiteras se adelanta a decir que, aún en ese caso, el autoritarismo es inadmisible. Dicho de otra manera: puestos a elegir entre la democracia constitucional de 1901 y el machadato sin Enmienda Platt, el joven Guiteras se decantaba por la primera opción.
La elección ilustra los límites democráticos del nacionalismo en ciertos momentos de la historia de las revoluciones latinoamericanas. No ha habido una sola revolución en el continente en que no se haya planteado el dilema entre nacionalismo y democracia. En la mayoría o en todos los casos, desde México en 1910 hasta Cuba en 1959, el dilema se resolvió por la vía autoritaria, es decir, subordinando la plenitud de la soberanía nacional a formas restringidas de acceso a los derechos políticos. Guiteras y el Directorio, en abril de 1927, atisban la posibilidad de poner límites democráticos al nacionalismo: hacen de la democracia condición de la soberanía. Al revés de la mayoría de los revolucionarios latinoamericanos del siglo XX.

sábado, 17 de marzo de 2018

La Revolución del 33: díptico historiográfico de la Guerra Fría



Reviso estudios clásicos sobre la Revolución del 33 en Cuba y doy, naturalmente, con dos de los años 70: Cuba. 1933. Prologue to Revolution (1972) de Luis E. Aguilar, y La Revolución del 33 (1977) de Lionel Soto. Aguilar León comenzó su carrera con ensayos como Pasado y ambiente en el proceso cubano (1957), en la línea de Jorge Mañach, y luego de establecerse en Estados Unidos, especialmente en Washington, donde fue profesor de la Universidad de Georgetown por muchos años, se dedicó brevemente a la historia profesional. Soto era un militante del Partido Socialista Popular, que ocupó importantes funciones en la estructura ideológica inicial del gobierno cubano, luego de la Revolución de 1959, y que tras la institucionalización definitiva del sistema, en 1976, en la que jugó un papel importante, cumplió labores diplomáticas y académicas.
Cuando escribieron sus respectivos libros, Aguilar era un exiliado demócrata cristiano -había sido fundador de dicho partido en 1958 y mantuvo un estrecho vínculo con sus principales líderes en el exilio- y Soto, un ideólogo comunista en el poder. Todas las tensiones de la Guerra Fría se reflejaron nítidamente en ambos libros, aunque con mayor sutileza en el caso del texto de Aguilar, editado por Cornell University, y vertido en la retórica neutral de los estudios cubanos en Estados Unidos. Sin embargo, debajo de la elegancia argumentativa y estilística del exiliado, había un posicionamiento ideológico no menos firme que el del descalificador lenguaje de Soto.
Aguilar León hacía retratos cuidadosos del Directorio Estudiantil Universitario y del Partido Auténtico, de Ramón Grau San Martín y de Carlos Prío, e incluso del Ala Izquierda Estudiantil de Aureliano Sánchez Arango, Raúl Roa, Porfirio Pendás, Manuel Guillot y Pablo de la Torriente Brau. También ponderaba el espesor intelectual del programa político del ABC, aunque reprobaba cuidadosamente su oposición, desde la derecha, al gobierno de Grau y Guiteras. Sus distancias eran evidentes en relación con Fulgencio Batista, por un lado, y con los comunistas, por el otro. Aguilar León responsabilizaba a ambos por el fracaso de la Revolución del 33, que desembocó en otra Revolución, la de 1959, que llevaría al poder a un comunismo, a su entender, minoritario en la cultura política cubana.
El partidismo ideológico de Soto era más epidérmico: la única corriente atinada en la teoría y en la práctica, durante la Revolución del 33, había sido la comunista. Grau y Prío, los auténticos y el Directorio Estudiantil formaban parte de un proyecto "burgués" o"pequeño burgués" -usaba alternativamente las dos expresiones- que predominó en el gobierno provisional de Carlos Manuel de Céspedes, en la Pentarquía e, incluso, en el triunvirato Grau-Batista-Guiteras. Aunque Soto era más generoso con Guiteras que otros historiadores del viejo comunismo cubano, escamoteaba los vínculos del guiterismo con el aprismo y otras líneas de la izquierda latinoamericana no comunista, de origen nacionalista revolucionario o populista, que valoraron más cuidadosamente otros historiadores cubanos como José Tabares del Real y Olga Cabrera.
Con frecuencia, el libro de Soto no retrataba actores el pasado sino que emitía juicios de excomunión ideológica, como este sobre Manuel Márquez Sterling, el Secretario de Estado que negoció la abrogación de la Enmienda Platt: "intelectual burgués, ladino, acomodaticio, que por su prosapia reaccionaria era confiable a la cancillería norteamericana". O este sobre el Partido Bolchevique-Leninista de Sandalio Junco y los trotskistas cubanos: "grupo divisionista y diversionista, que realizaba una labor de zapa dentro del movimiento obrero popular", cuyos "intrincados formulismos y verbosa teoría" desembocaban en críticas a la burocracia soviética y propuestas de alianza con Guiteras, la Joven Cuba o la izquierda del autenticismo, que Soto consideraba parte de la "contrarrevolución pequeño burguesa".